================
La ennegrecida casa de la Luz
Aquel día en Ui-dong
cayó aguanieve,
y mi cuerpo, compañero de mi alma,
tembló con cada lágrima que caía.
Sigue tu camino.
¿Acaso dudas?
¿Qué sueñas, rondando así?
Casas de dos pisos iluminadas como flores,
bajo ellas aprendí la agonía,
y hacia una tierra de alegría aún intacta
tontamente extendí una mano.
Sigue tu camino.
¿En qué sueñas? No te detengas.
Hacia los recuerdos que se forman en una farola, caminé.
Una vez allí, miré hacia arriba, y dentro de la farola
había una morada muy negra. Era la casa de la luz,
negra como el carbón.
El cielo estaba oscuro y, en esa oscuridad,
los pájaros que la habitan
alzaron el vuelo,
despojándose del peso de sus cuerpos.
¿Cuántas veces tendría que morir para elevarme así?
Nadie podría, entonces, tomarme de la mano.
¿Qué sueño es tan bonito?
¿Qué recuerdo
brilla tanto?
Aguanieve, como las yemas de los dedos de mi madre,
rastrillan mis cejas despeinadas,
golpean mis heladas mejillas y acarician,
otra vez, el mismo punto.
Date prisa, soñadora, y sigue tu camino.
Danza de la silla de ruedas
Llorar
se me ha hecho un hábito,
pero las lágrimas
no me han engullido del todo.
Las pesadillas
se me han hecho un hábito,
pero las noches insomnes
que queman mis venas y arterias
no me han devorado del todo.
Mirad,
estoy bailando.
Oh, con frenesí
sacudo los hombros
sobre la silla de ruedas en llamas.
No es cosa de magia
ni de trucos,
es solo que nada
puede destruirme del todo.
Ningún infierno
ni los insultos
ni la tumba
ni esta maldita aguanieve
demasiado fría, ni el granizo
afilado como el cuchillo
logró triturar lo último de mí.
Mirad,
estoy cantando
sobre una silla que lanza fuego.
Oh, con frenesí
la danza de la silla de ruedas.
(Dedicado a Kang Won-rae, cantante y bailarín del grupo Clone, quien sufrió un accidente automovilístico que lo dejó discapacitado de la cintura para abajo y, sin embargo, no dejó de actuar).
De: Guardé el anochecer en el cajón.Editorial Lumen.Traductor Sunme Yoon
Mark Rothko y yo
La muerte en febrero
Aunque no hace falta que lo aclare,
no existe relación alguna entre Mark Rothko y yo.
Él nació el 25 de septiembre de 1903
y murió el 25 de febrero de 1970.
Yo nací el 27 de noviembre de 1970
y todavía sigo viva.
Sin embargo, a veces me pongo a pensar
en el tiempo de nueve meses
que separan su muerte y mi nacimiento.
Días antes o después
de esa madrugada en que él se abrió las venas de las manos
en la cocina anexa a su taller,
mis padres fundieron sus cuerpos
y poco después
una mota de vida
apareció en el útero tibio
cuando en un cementerio de Nueva York al final del invierno
el cuerpo de Rothko no se había corrompido todavía.
No es para maravillarse
sino para entristecerse.
Siendo solo una mota,
sin tener aún un corazón que late,
sin saber lo que es el lenguaje,
lo que es la luz
ni las lágrimas,
me estaba formando
dentro del útero sonrosado,
cuando entre la vida y la muerte,
febrero, una herida abierta,
resistió y resistió
hasta que empezó a cicatrizar por fin,
cuando dentro de la tierra a medio derretir y por eso más fría
la mano de Rothko no se había corrompido todavía.
De: Guardé el anochecer en el cajón.Editorial Lumen.Traductor Sunme Yoon
Cierta tarde, ya tarde, estaba…
Cierta
tarde, ya tarde, viendo
el vapor que subía de mi cuenco
blanco de arroz, caí en la cuenta
de que algo se iba para siempre
y aun ahora
sigue yéndose para siempre.
Tenía que comer.
Y me comí mi arroz.
Version de @aurelioasiain
Portada en coreano de Actos humanos 소년이 온다 Editorial: Changbi
Esbozo del anochecer 5
Estaba reverdeciendo
un árbol negro que creía muerto.
Se hizo de noche mientras lo miraba.
Fluyó la sangre por los nudos verdes,
la lengua se sumergió en la oscuridad.
La luz al borrarse
dejó rayas transparentes.
(Como estoy viva)
estiré la mano hacia el tronco.
De: Guardé el anochecer en el cajón.Editorial Lumen.Traductor Sunme Yoon
Ojos que sangran
No recuerdo
que haya tenido algo más.
No tengo nada dulce,
tampoco nada amargo,
nada suave,
nada palpitante,
nada que enjugue mi corazón.
Me olvidé sin querer,
ya no tengo adónde más ir.
No es que vea todo rojo, solo que
no confío en nada calmo; de los gemidos
mejor no hablamos.
Cuando descanso cubriendo mis ojos
con un fino velo conjuntivo,
entonces no amo mis mejillas,
tampoco mi labios, ni el surco nasal manchado.
Solo tengo ojos sangran.
De: Guardé el anochecer en el cajón.Editorial Lumen.Traductor Sunme Yoon
Han Kang tras recibir el Premio Nobel de Literatura. (Reuters/Jonas Ekstromer)
Todo está bien
A los dos meses de nacer
el niño lloraba cuando anochecía.
No era que tuviera hambre
o que le doliera algo.
Sin razón alguna,
así estaba tres horas desde el atardecer hasta la noche.
Por miedo a que se esfumara como una burbuja,
lo cogía en brazos
y deambulaba por toda la casa preguntando:
«¿Qué te pasa?
¿Qué te pasa?
¿Qué te pasa?».
Se me caían las lágrimas
y se mezclaban con las del niño.
Un día de pronto,
aunque nadie me lo enseñó,
le dije:
«Todo está bien.
Todo está bien.
Ya está todo bien».
Increíblemente,
aunque el niño no paró de llorar
y la única que sosegó su llanto
fui yo, sin embargo,
de pura casualidad,
unos días después el niño dejó de llorar.
Recién pasados los treinta
supe lo que debía hacer
cuando sollozas dentro de mí.
Como mirando la carita de un niño que gimotea,
me dirijo a tus lágrimas saladas como la espuma:
«Todo está bien».
No digo «qué te pasa»
sino «todo está bien».
«Ya todo está bien».
De: Guardé el anochecer en el cajón.Editorial Lumen. Traductor Sunme Yoon
Han Kang 한강(Gwangju, Corea del Sur, 27 de noviembre de 1970). Poeta y novelista. Premio Nobel de Literatura 2024. Es la primera surcoreana y la primera mujer asiática en obtener este galardón.
Su familia está profundamente ligada al ámbito literario: Su madre, Im Gam-oh (임감오), quien soñaba con ser pianista, se convirtió en el pilar de esta familia de escritores, su padre, Han Seung-won (한승원), es un renombrado escritor en Corea del Sur, y sus dos hermanos, Han Dong-rim (한동림) y Han Gang-in (한강인), también son escritores. asumiendo el rol de «directora» de lo que su esposo describe como una «fábrica literaria familiar», adicional al trabajo de cuidados.
A los nueve años Han Kang se mudó a Seúl con su familia. Estudió Letras en la Universidad Yonsei y después de graduarse en 1993 trabajó durante tres años como periodista para las revistas Publishing Journal y Samtoh, entre otras.
Empezó su carrera como novelista al ganar el concurso literario de primavera del diario Seúl Shinmun en 1994 que publicó su primera historia corta, lanzándola en formato de libro en 1995. Hasta entonces, firmaba como Han Kang-hyun (한강현); sin embargo, a partir de su siguiente colección de cuentos, El amor de Yeosu, adoptó el nombre literario Han Kang (한강), que se traduce de manera literal como «río Han», el río que atraviesa Seúl. Han es su apellido, mientras que Kang o Kang-hyun es su nombre.
Han Kang estuvo casada con el crítico literario Hong Yong-hee (홍용희), con quien tuvo un hijo nacido en agosto del año 2000, ahora un joven músico, con quien gestiona una librería independiente llamada Hoy (책방오늘) en el distrito de Jongno, al norte de Seúl.
Es autora de las novelas La vegetariana (채식주의자)(Random House, 2024; Premio Booker Internacional 2016), La clase de griego (Random House, 2023), Actos humanos (Rata, 2018)(Random House, 2024; Premio Manhae de Literatura de Corea y Premio Malaparte en Italia en 2017), Blanco (finalista del Premio Booker Internacional 2018) e Imposible decir adiós(Random House, 2024; Premio Médicis Étranger 2023), así como del poemario Guardé el anochecer en el cajón (Lumen, 2025). La autora ha recibido también el Premio Yi Sang, el Premio Artista Joven del Año, el 25. Premio de Novela Coreana, el Premio de Literatura Hwang Sun-Won y el Premio de Literatura Dong Ri. También ha sido publicado en español por Reservoir Books su libro de cuentos ‘Hada del trueno, hada del relámpago’ publicado en Corea en 2007.
Hasta 2018 trabajó como profesora en el departamento de Escritura Creativa del Instituto de las Artes de Seúl, y en la actualidad se dedica por completo a la escritura. Su obra ha sido publicada en más de treinta idiomas.
Su obra más famosa, La vegetariana, galardonada con el Premio Booker Internacional, fue llevada al cine en 2009, dirigida por Lim Woo-Seong y protagonizada por la actriz Chae Min-seo. Paradójicamente La vegetariana fue prohibida en algunas bibliotecas y escuelas del área metropolitana de Seúl, al ser considerada «perjudicial para la juventud» y la misma Han Kang incluida en una lista de censurados debido a su novela Actos Humanos por el gobierno de Park Geun-Hye (박근혜) la hija del antiguo dictador. En la novela la autora toma hechos reales ocurridos en la represión que hubo en 1980 en la ciudad donde nació. En 1980, Chun Doo-hwan dio un golpe de Estado y así llegó al poder. Desde el principio se manejó a represión limpia. Pero cuando el 18 de mayo de 1980 los estudiantes de la Universidad de Chonnam, en Gwangju, junto con algunos sindicatos, se organizaron para exigir la democracia, se desató la furia. Durante nueve días los manifestantes formaron una comuna semejante a la Comuna de París. El 27 de mayo, Doo-hwan envió el ejército a Gwangju para reprimir a los miembros de la comuna. El gobierno habló de unos 200 muertos, los civiles, de unos 2.000. Tortura, sadismo, ejecuciones. Cuando la familia de Han Kang dejaron Gwangjule habían vendido la casa a una familia. Uno de ellos es Dongho, uno de los asesinados de quince años. Cuando lo matan y ya ha visto morir en medio de la calle a su mejor amigo y ya ha estado limpiando y organizando cadáveres. Muchos años después Han Kang volvió a Gwangju, revisó materiales, se encontró con el hermano de Dongho quien le dió permiso para contar su historia. Actos humanos es una denuncia desgarradora de esos hechos. Está escrito en seis capítulos que son seis miradas, puntos de vista como el del amigo de Dongho, ya cadáver, que habla desde la pila de cuerpos que se pudren o la de una mujer que testimonia como le metieron una regla hasta traspasarle el útero…
Las cualidades reconocidas cuando le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura: “por su intensa prosa poética que confronta traumas históricos y expone la fragilidad de la vida humana”.
---
---
Two poems by Han Kang
Han Kang
Translated from Korean by Sophie Bowman
Pitch-Black House of Light
That day in Ui-dong
sleet fell
and my body, companion to my soul
shivered with each falling tear.
Get on your way.
Are you hesitating?
What are you dreaming, hovering like that?
Two-storey houses lit like flowers,
beneath them I learned agony
and towards a land of joy as yet untouched
foolishly reached out a hand.
Get on your way.
What are you dreaming? Keep walking.
Towards memories forming on a streetlamp, I walked.
There I looked up and inside the lightshade
was a pitch-black house. Pitch-black
house of light
The sky was dark and in that darkness
resident birds
flew up casting off the weight of their bodies.
How many times would I have to die to fly like that?
Nobody could hold my hand.
What dream is so lovely?
What memory
shines so brightly?
Sleet, like the tips of mother’s fingers,
raking through my dishevelled eyebrows
striking frozen cheeks and again
stroking that same spot,
Hurry up and get on your way.
Winter through a Mirror
1.
Peer at the pupil of a flame.
Bluish
heart
shaped eye
the hottest brightest thing
that which surrounds it
orange inner flame
the thing which flickers most
that which surrounds again
half-transparent outer flame
tomorrow morning, the morning I
depart for the furthest city
this morning
the bluish eye of a flame
peers beyond my eyes.
2.
Now my city is spring morning, if you pass through the core of the earth, bore straight through the middle without wavering, that city appears, the time difference there exactly twelve hours behind, the season exactly half a year behind so that city is now an autumn evening, as though silently following someone that city follows behind mine, to cross over the night to cross over winter I wait silently, while my city outruns that one like somebody silently overtaking
3.
Inside the mirror winter is waiting
A cold place
An utterly cold place
It’s too cold
objects cannot tremble
your (once frozen) face
cannot shatter
I don’t reach out my hand
you also
don’t want to reach out your hand
A cold place
A place that stays cold
It’s too cold
pupils cannot waver
eyelids
do not know how to close (together)
Inside the mirror
winter waits and
Inside the mirror
I cannot avoid your eyes and
You don’t want to reach out your hand
4.
They said we would fly for an entire day.
Tightly fold twenty-four hours pop it in your mouth and
go into the mirror they said.
Once I unpack in a room in that city
I should take time to wash my face.
If the suffering of this city silently overtakes
I will silently lag behind and
when you are not peering at it for a moment
lean against the frosty back of the mirror
and hum carelessly.
Until, having tightly folded twenty-four hours
and spat it out nudged with your hot tongue
you return and peer at me
5.
My eyes are two candle stubs sliding drips of wax as they consume the wick, it is not searing nor painful, they say that the quivering of the bluish flame core is the coming of souls, souls sit on my eyes and quiver, they hum, the outer flame swaying in the distance sways to get further off, tomorrow you leave for the furthest city, here I am ablaze, now you put your hands into the tomb of the void and wait, memory bites your fingers like a snake, you are not seared nor in pain, your unflinching face does not burn or shatter
Notes on this poem
Han Kang is much be er known for her novels than her poetry, but it was as a poet that she first made her debut onto the Korean literary scene in 1993. The three poems included here are from her first poetry collection I Stowed Evening in the Drawer, published in 2013. The poems in this collection were written over many years in tandem with her prose works and for readers who are more familiar with her novels, Han Kang’s poems may come as an interesting contrast. They hold true to her quiet yet soul-wrenching exploration of language and the core of human life, but they also speak in a much closer, more intimate voice. While spending time with these poems as a translator I have heard them echoing through my journeys and experiences. I believe the poems speak for themselves and hope my translations go some way to doing them justice.
Poet
Han Kang
Han Kang is a novelist, poet, and a professor of creative writing at Seoul Institute of the Arts. She received the 2016 Man Booker International Prize for The Vegetarian (2015, Portobello Books, translated by Deborah Smith. Her other publications available in English include Human Acts (2016) and The White Book.
Translated from Korean by
Sophie Bowman
Sophie Bowman is a literary translator and student of Korean literature. She won the 2015 Korea Times Translation Award for her translation of poems by Jin Eun-young and her prose translations can be found in Koreana magazine.
